Monday, October 3, 2011

RESUMEN VOZ DE COLOMBIA RESUMEN 292- PCC - 01-10- 2011


- Conocer y divulgar la verdad es una forma de solidaridad con las justas luchas del pueblo colombiano -

CON CRECIENTE Y ACTIVA SOLIDARIDAD INTERNACIONAL

LA HEROICA PALESTINA SERA ESTADO INDEPENDIENTE

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Noticias y puntos de vista

Diario regional “Vanguardia Liberal” – Bucaramanga – Septiembre 24 de 2011: Titulando, “Naranjo pide a manifestantes que no se dejen manipular”, es publicada la nota de prensa que dice: “Ante la cantidad de protestas ciudadanas que se han producido en el país (…) el director de la Policía (…) hizo ayer un llamado a las comunidades para que no se dejen manipular por agitadores (…).”

Punto de vista de Resumen: La clase dominante, sus gobiernos de turno, los grandes medios de comunicación y la élite militar y policial, no descansan en su propósito de torcerle el cuello a la verdad y de engañar a la opinión interna y externa. Las crecientes y pacíficas protestas sociales no son obra de agitadores, es responsabilidad de la antidemocracia, la injusticia social y del violento abuso de poder.

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Diario regional “El Colombiano” – Medellín – Septiembre 25 de 2011: Titulando, “Santos impulsará las Autopistas de la Montaña”, es publicada la nota de prensa que dice: “El primer mandatario aseguró que el Gobierno Nacional sacará adelante el proyecto de Autopistas de la Montaña, ante el incremento del valor de la obra que pasó de 5 a 15 billones.”

Punto de vista de Resumen: Considerando el destape de gruesos escándalos, por encumbrados hechos de corrupción, no estaría demás que el país conociera las sustentaciones que expliquen como unas obras de infraestructura, que inicialmente tenían un costo de 5 billones, ahora esos costos alcancen la no despreciable suma de 15 billones. ¿En cuánto se incrementarán esos costos al concluir las obras?

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Diario regional “El Universal” – Cartagena – Septiembre 26 de 2011: Titulando, “Santos, trabajando para que colombianos no sean vistos como ‘parias’”, es publicada la nota de prensa en la que se dice: “Santos explicó que para ello su gobierno ha enfocado sus esfuerzos en que el nombre internacional de Colombia no se identifique con la cocaína, (…).”

Punto de vista de Resumen: La comunidad internacional sabe que el pueblo colombiano nada tiene que ver con el altamente lucrativo negocio de la cocaína. El presidente Santos tendrá que buscar otro sofisma de distracción en sus esfuerzos por intentar lavarle la cara al régimen, esconder la verdad sobre el conflicto interno y no referirse a la sistemática y creciente violación de los Derechos Humanos.

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Diario nacional “El Tiempo” – Septiembre 27 de 2011: Teniendo como titular, “Bandas criminales, tras los ataques de Tumaco y Córdoba”, es publicada la corresponsalía que dice: “Los nueve crímenes y dos secuestros de Tumaco y la masacre de cinco personas en San Antero (Córdoba), ocurridos el fin de semana, dejan al descubierto el accionar de las bandas criminales.”

Punto de vista de Resumen: Las llamadas bandas criminales, que es el mismo narcoparamilitarismo al servicio de la ultraderecha interna y externa, en ningún momento han dejado de actuar y de contar con sus bien engrasadas estructuras financieras, políticas y militares. Estas bandas, es bueno recordarlo, han hecho y siguen haciendo parte del engranaje de brazos ejecutores del terrorismo.

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Diario nacional “El Espectador” – Septiembre 28 de 2011: Titulando, “Aumentarían pie de fuerza para proteger infraestructura petrolera en el país”, es publicada la nota de prensa que dice: “(…) la Fuerza Pública tiene destinado cerca del 30 por ciento de sus efectivos dedicados a la protección de la infraestructura minero – energética (…), lo que significan cerca de 80 mil uniformados.”

Punto de vista de Resumen: El gobierno del presidente Santos sigue empeñado en mantener celosamente escondida la llave de la paz, a la vez que habla y actúa con planes de guerra. Esta realidad confirma, una vez más, que la solución política del conflicto interno, social y armado, tendrá que ser conquistada por las grandes masas populares, con banderas como la de paz con justicia social.

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Diario regional “El Heraldo” – Barranquilla – Septiembre 29 de 2011: Titulando, “Santos denunció nuevo robo de tierras”, es publicada una nota de la redacción en la que se dice: “El presidente Juan Manuel Santos denunció ayer que se descubrió el despojo de 187.700 hectáreas de tierra en la localidad de San Martín, Meta, que vendría a ser el tercero que revela el Gobierno Nacional, (…).”

Punto de vista de Resumen: Ahora tenemos que el presidente Santos, hijo legítimo y predilecto de una clase dominante explotadora, concentradora de tierras y generadora de implacable violencia, pretende mostrarse, ante el país y ante la comunidad internacional, como “víctima” de los grandes despojos de tierra que han y vienen golpeando salvajemente a los campesinos… ¿Qué busca señor Santos?

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Diario regional “El País” – Cali – Septiembre 30 de 2011: Teniendo como titular, “Unos diez mil indígenas se concentrarán desde este viernes en Cali”, es publicada la nota de prensa en la que se dice: “En el 2008 la movilización se vio afectada por disturbios entre los indígenas y la Policía. (…). En ese momento el ministro de Defensa era Juan Manuel Santos.”

Punto de vista de Resumen: Periódicamente los pueblos indígenas se reúnen pacifica y ordenadamente para discutir temas relacionados con su problemática y con la problemática del país. Es conveniente recordar que, para el 2008 y en movilización similar a la que se está desarrollando, un video divulgado por la CNN internacional mostró como un uniformado disparaba contra los indígenas.

Otros temas

Comprimidos de la semana…, en titulares

Que difícil es cuando los “amigos”, hacen tanto o mucho más daño que los enemigos…

Crónica de un carcelazo anunciado

Revista “Semana” – Septiembre 24 de 2011

Samuel Moreno a prisión por 'carrusel de contratos'

Diario regional “El Universal” – Septiembre 24 de 2011

Samuel Moreno Rojas, tras las rejas

Diario regional “El Heraldo” – Septiembre 24 de 2011

Samuel Moreno irá a una estación de Policía

Diario regional “El Colombiano” – Septiembre 25 de 2011

Compatriotas y amigos del mundo preguntan: ¿Qué movidas bajo la manga tendrá el jugador?

El abrazo de Angelino y Santos

Revista “Semana” – Septiembre 24 de 2011

La Reinvención de Angelino

Revista “Semana” – Septiembre 24 de 2011

Vicepresidente rechaza presunta infiltración de autoridades en diálogos sociales

Diario regional “El Liberal” – Septiembre 25 de 2011

Vicepresidente Garzón protesta por captura de un sindicalista

Diario regional “El Heraldo” – Septiembre 25 de 2011

Mientras arriba siguen robando y manipulando…, abajo se agrava la problemática social…

Física hambre

Revista “Semana” – Septiembre 24 de 2011

Colombia, uno de los países más desiguales de América

Diario regional “El Liberal” – Septiembre 27 de 2011

Un total de 89 mil personas han sido desplazadas en 2011

Diario regional “Vanguardia Liberal” – Septiembre 24 de 2011

Hay un millón 300 mil procesos represados en Colombia, dice Gobierno

Diario nacional “El Tiempo” – Septiembre 27 de 2011

Respuestas de Paquito…, el activista del pueblo…

Pregunta: En definitiva… ¿qué es eso de las bandas criminales (Bacrim)?

Respuesta: ¡Uhhh...! -Esas bandas, a las que se les cambia periódicamente nombres y apellidos, es el mismo paramilitarismo que, desde hace ya varios años, viene cometiendo toda clase de crímenes-

Pregunta: ¿Pero se dice que el paramilitarismo fue desmontado en el gobierno de Uribe?

Respuesta: ¡Ayayayayyy…! -Ese es un cuento pésimamente inventado, muy mal presentado por el engranaje de la ultraderecha y fuertemente publicitado por los grandes medios de comunicación-

Breve información general

Algunos datos sobre la República de Singapur

1.- Capital: Singapur

2.- Superficie: 685 km²

3.- Población: 4.608.167 (2008)

4.- Taza de crecimiento: 1,14% (2008 estimado)

5.- Densidad de la población: 6.747 hab/km² estimado

6.- Composición de la población: Chinos 0.77, malayos 0.14, indios 0.08, europeos, otros 0.01

7.- Principales ciudades: Singapur.

8.- Recursos naturales: Pesca.

Sugerencias

Visitar: www.pacocol.org: En el curso de la semana y entre otros importantes artículos y noticias, fueron publicados los así titulados: La Oposición, excluida por los grandes Medios de Comunicación (Septiembre 23 de 2011) - Jalón de orejas a la vista en el Comité de Derechos Humanos de la ONU (Septiembre 23 de 2011) - Agentes del Estado son responsables del 98% de las violaciones sexuales en el marco de la guerra (Septiembre 24 de 2011) - Pronunciamiento del candidato del PDA a la Alcaldía de Bogotá, Aurelio Suárez (Septiembre 24 de 2011) - El Modelo rural en Colombia favorece el surgimiento de nuevos conflictos (Septiembre 26 de 2011) - ¿Consolidación democrática? -Denuncian crímenes de paramilitares en el departamento de Nariño (Septiembre 26 de 2011) - El TLC con EEUU afectará gravemente la agricultura en Colombia (Septiembre 27 de 2011) - Cuba insta a Obama a liberar los cinco antiterroristas presos en EE UU (Septiembre 27 de 2011) - Venezuela propone democratización de la ONU y eliminación del derecho a veto (Septiembre 28 de 2011) - Patarroyo asegura tener vacuna contra la malaria 100% efectiva (Septiembre 28 de 2011) - Denuncian aumento de persecución contra activistas humanitarios en Colombia (Septiembre 29 de 2011) - Al borde de la muerte preso político Gustavo Hernán Giraldo por negligencia del estado colombiano (Septiembre 29 de 2011).

Espacio para notas

La tenebrosa maquinaria imperial no es eterna…

Las fuerzas realmente amantes de la paz, hoy mucho más que ayer, están plenamente convencidas de que, ésta, solo será alcanzada mediante la unidad y la lucha decidida de los pueblos. El mundo sigue viendo con creciente preocupación como en el Consejo de Seguridad y la Asamblea General de las Naciones Unidas, foros pensados y construidos para desarrollar, ampliar y afianzar la solución pacífica y civilizada de conflictos internacionales, terminan avalando resoluciones y acciones ofensivas violatorias de todo sentido y lógica humana, facturadas y despachadas por el arrogante imperio, su bloque de aliados, la tenebrosa maquinaria de guerra conocida como la OTAN y los poderosos y monopolizados medios de comunicación, tal y como ha ocurrido recientemente en varios países y como hoy ha sucedido y esta sucediendo en la agredida, invadida y destrozada Libia. Pero con mucha más preocupación el mundo observa como impunemente los agresores, ávidos de riqueza y poder, revoletean incesantes por tierra, aire y mares buscando las mejores tajadas para sí y hablando de reconstrucción de un país que, destrozado, verá como las potencias agresoras asaltan sus reservas y enriquecen a las grandes y saqueadoras multinacionales que, a la final, se quedan con la tajada mayor. Desde luego que, la desbordada ambición y agresividad del imperio y sus aliados, no tiene vida eterna y, más temprano que tarde, sufrirán todo el peso de la derrota y el derrumbe de un sistema que le ha traído a la humanidad las más crueles desgracias.

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Realidades imposibles de ocultar o dejar de ver…

El pueblo colombiano, sus grandes mayorías patrióticas, democráticas y progresistas, sigue siendo constantemente hostigado y duramente golpeado por la injusticia, la antidemocracia, el abuso de poder y la criminal violencia de los de arriba contra los de abajo. Solo basta con revisar rápidamente los titulares y, algunas notas de la gran prensa, para constatar una realidad imposible de ocultar. Mientras el presidente Santos ha visitado algunos países y participado en algunos foros internacionales para darse un toque de “nueva actitud” en política exterior; al interior del país se mueve la dura realidad santo-uribista, con su proyecto de “seguridad y prosperidad democrática”. Así las cosas, la llave de la paz sigue escondida en un lugar que solo el mandatario dice conocer; el agravamiento del conflicto interno es galopante; el ministro de Defensa y el alto mando militar se mueven en dirección a revivir la jurisdicción castrense que “investigue” los abusos y delitos cometidos contra los Derechos Humanos, garantizando así total impunidad; descaradamente los sectores de la ultraderecha mueven propuestas encaminadas a imponer figuras de amnistía o perdón para miembros de las fuerzas militares, policiales y de seguridad comprometidos con ejecutorias de terrorismo de Estado; el narcoparamilitarismo sigue cumpliendo con la misión de amenazar, desplazar y asesinar a humildes compatriotas en campos y ciudades; las bandas neo-nazis hacen del estudiantado y jóvenes trabajadores su blanco predilecto. Viéndolo como es: la amenaza es grande, como grande y poderosa tiene que ser la lucha por la paz con justicia social y democracia real.

Final

Monday, September 26, 2011

RESUMEN VOZ DE COLOMBIA RESUMEN 291- PCC - 24 SEP 2011


Noticias y puntos de vista

Diario regional “El Heraldo” – Barranquilla – Septiembre 17 de 2011: Titulando, “Contraloría halló $2,4 billones en riesgo en la ANH”, se publica la nota de prensa que dice: “En total, el ente de control estableció 31 hallazgos administrativos, de las cuales 18 desembocarán en investigaciones disciplinarias por parte de la Procuraduría, cuatro en investigaciones penales (…).”

Punto de vista de Resumen: El caso de desgreño y corrupción en la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), se suma a la larga y sucia cadena de escándalos que, por su voluminoso y pesado acumulado de muchos años, han salido a la superficie y parcialmente han sido conocidos por el país y la comunidad internacional. -Aquí tenemos un nuevo ejemplo de “seguridad y prosperidad” santo-uribista-

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Diario regional “El Colombiano” - Medellín – Septiembre 18 de 2011: Titulando, “Santos regañó a Angelino por polemizar en público”, es publicada la nota de prensa que dice: “El mandatario aseguró que es normal que se presenten diferencias, pero que deben discutirse al interior, "confunde a la gente cuando el Gobierno sale con posiciones divergentes, (…).”

Punto de vista de Resumen: La “democracia” de los poderosos y de los que se creen poderosos pero no lo son, es utilizada para intentar confundir a los de abajo, es decir, a los millones de colombianos que diariamente enfrentan las realidades de pobreza y de indigencia. El ser regañado y el regañar, puede dar dividendos politiqueros, pero no modifica en nada los grandes y graves problemas sociales del país.

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Diario nacional “El Tiempo” – Septiembre 19 de 2011: Titulando, “'Aún hay peligro de filtraciones, pero es menor': director del DAS”, es publicada una entrevista en la que se dice: “Hace dos semanas, dos miembros del DAS fueron sorprendidos cuando intentaban filtrar información sobre una gran operación contra Daniel 'el Loco Barrera', uno de los narcos más poderosos del país.”

Punto de vista de Resumen: El país no olvida que los servicios de seguridad del Estado, empezando por una policía política cuyo mando directo está en manos del presidente de la República, desde hace muchos años ha sido y es centro de múltiples y muy graves escándalos de criminalidad, montajes, corrupción, filtración de información, espionaje telefónico, seguimientos y de muchos otros delitos.

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Diario regional “El Liberal” – Popayán – Septiembre 20 de 2011: Titulando, “PGN vigila la compra de votos”, es publicada la nota de prensa en la que se afirma: “Los candidatos que compren votos mediante la entrega de dinero, mercados, cuadernos, herramientas o cualquier tipo de dádiva a los electores, son sujetos de responsabilidad penal”.

Punto de vista de Resumen: Si en realidad la justicia alcanzara y no soltara a los politiqueros, afectos y al servicio del sistema imperante que compran votos utilizando viejas y mañosas prácticas de engaño y de aprovechamiento de las necesidades de los crecientes sectores empobrecidos en el país, sería necesario un enorme ejército de jueces y centros de reclusión carcelaria hasta en la luna.

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Diario nacional “El Espectador” – Septiembre 21 de 2011: Titulando, “Gobierno confirma que hay parapolíticos con permiso de salida el día de elecciones”, es publicada la información de prensa que dice: “El Gobierno Nacional expresó este martes que "hay inquietud y preocupación" por la salida en permiso de los parapolíticos el día de las elecciones.”

Punto de vista de Resumen: Es realmente indignante, tremendamente sospechoso y un irrespeto para las mayorías del país, el que politiqueros encarcelados por sus vínculos con el narcoparamilitarismo tengan tantos privilegios y reciban tantas consideraciones por parte de quienes tienen la “responsabilidad” de impartir “justicia”. ¿Cómo el gobierno del presidente Santos explicará su lavatorio de manos?

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Diario regional “El Universal” – Cartagena – Septiembre 22 de 2011: Titulando, “Álvaro Uribe fue acusado por un expara de ordenar masacre”, es publicada la nota de prensa que dice: “(…) hijo del mayordomo de la hacienda Las Guacharacas, dijo que el expresidente no solo apoyó a las autodefensas, sino que ordenó una masacre ocurrida en el municipio de San Roque, Antioquia.”

Punto de vista de Resumen: El país y la comunidad internacional conocen los reiterados señalamientos al expresidente Uribe por sus vínculos con el narcoparamilitarismo. Documentos desclasificados y publicados en Estados Unidos se refieren al tema. Ahora es en un video, presentado por el representante a la Cámara, Iván Cepeda, en el que un exparamilitar hace directas y muy graves revelaciones.

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Diario regional “Vanguardia Liberal” – Bucaramanga – Septiembre 23 de 2011: Teniendo como titular, “‘Sería mentira decir que se puede acabar la impunidad’”, es publicada la nota de prensa que dice: “La fiscala General de la Nación, Viviane Morales Hoyos, aseguró ayer que “sería una mentira” decir que es posible acabar con la impunidad en el país, (…).”

Punto de vista de Resumen: Mucho más allá de los alcances para delitos comunes, el engranaje judicial colombiano ha sido diseñado para ser ejercido en laberintos que garantizan parcial o total impunidad a quienes controlan los hilos del poder, a la vez que dispone de lo requerido para ser implacable y severo cuando se trata de castigar a los luchadores por: paz, justicia social, democracia real y soberanía.

Otros temas

Comprimidos de la semana…, en titulares

La policía política (DAS), protagonista de no pocos escándalos, sigue viva y haciendo daños…

El tipo de espionaje que realizó el DAS en el congreso

Revista “Semana” – Septiembre 17 de 2011

Exsubdirector del DAS, seguirá en prisión por crimen del senador Cepeda

Diario regional “El Nuevo Día” – Septiembre 17 de 2011

“DAS: Policía política”: Liberales tolimenses chuzados y perseguidos

Diario regional “El Nuevo Día” – Septiembre 19 de 2011

Director del DAS admitió que agentes robaron información de la entidad

Diario regional “El Nuevo Día” – Septiembre 20 de 2011

Veremos como es que encajan los capítulos vicepresidenciales en el guión santista…

Santos dijo a Vicepresidente que la ropa sucia se lava en casa

Diario regional “El Universal” – Septiembre 18 de 2011

Partidos respaldan 'llamado al orden' de Santos a Angelino

Diario nacional “El Tiempo” – Septiembre 19 de 2011

Angelino Garzón no se puede ir del Gobierno porque no es parte de él: Analistas

Diario regional “El Liberal” – Septiembre 20 de 2011

Liberales pidieron revisar actuación del vicepresidente Garzón

Diario regional “El Nuevo Día” – Septiembre 21 de 2011

Las políticas santistas agravan la situación laboral y social del país…

Pobreza: 190 mil pesos alcanzan sólo para alquilar una pieza

Diario regional “El País” – Septiembre 18 de 2011

Los huérfanos de la minería

Diario regional “El Colombiano” – Septiembre 18 de 2011

Disturbios en Pacific Rubiales

Diario regional “El Universal” – Septiembre 21 de 2011

"Paro en extractoras palmeras en Puerto Wilches será indefinido”

Diario regional “Vanguardia Liberal” – Septiembre 21 de 2011

Respuestas de Paquito…, el activista del pueblo…

Pregunta: ¿Será que el gobierno “olvidó” los cambios relacionados con la policía política?

Respuesta: ¡Ehhh…! -Los especialistas y asesores deben estar creando instrumentalizaciones legales y técnicas para recambio de fachadas y seguir en lo mismo, con lo mismo y para lo mismo-

Pregunta: ¿Quiere decir que algunas cosas pueden “cambiar”, para que todo siga igual o peor?

Respuesta: ¡Ahhh…! -Las cosas, sin duda alguna y con el andamiaje que sea, serán más peores que iguales. No olvidar que la clase dominante es experimentada y su sistema altamente represivo-

Breve información general

Algunos datos sobre la Federación de Malasia

1.- Capital: Kuala Lumpur

2.- Superficie: 329.758 km²

3.- Población: 25.259.428 (2008 estimado)

4.- Taza de crecimiento: 1,74% (2008 estimado)

5.- Densidad de la población: 77 hab/km² estimado

6.- Composición de la población: Malayos y otros pueblos indígenas 59%, chinos 26%, indios 7%, otros 8%.

7.- Principales ciudades: Kuala Lumpur, Ipoh, Johor Bahru, Petaling Jaya, Kelang, Kuala Terengganu, George Town, Kota Bahru, Kuantan, Taiping, Seremban.

8.- Recursos naturales: Estaño, petróleo, madera, cobre, minerales de hierro, gas natural, bauxita.

Sugerencias

Visitar: www.pacocol.org: En el curso de la semana y entre otros importantes artículos y noticias, fueron publicados los así titulados: Panameños marcharon en rechazo a Martinelli y en demanda de una Constituyente (Septiembre 16 de 2011) - Exitoso inició del Tercer Congreso de la Federación de Estudiantes Universitarios (Septiembre 16 de 2011) - Organizaciones de DDHH internacionales preocupadas por las declaraciones del ministro de Defensa (Septiembre 17 de 2011) - FEU denuncia: intento de saboteo a masivo concierto en defensa de la educación pública (Septiembre 17 de 2011) - Correa cuestiona el “heroísmo” de bombardear un país amigo reivindicado por Santos (Septiembre 19 de 2011) - “La educación superior debe incluir contenidos étnicos”: Hernando Hernández Tabasco (Septiembre 19 de 2011) - Un país bañado en sangre: las cifras del terror en el primer año de Santos (Septiembre 20 de 2011) - El Partido Comunista Colombiano con el pueblo palestino, por su reconocimiento como Estado (Septiembre 20 de 2011) - La educación sigue siendo una cenicienta en el presupuesto -Senadora Gloria Inés Ramírez Ríos (Septiembre 21 de 2011) - Agresión contra trabajadores y comunidad de Campo Rubiales Meta (Septiembre 21 de 2011) - Evo Morales respalda al Estado palestino y pide refundar la ONU (Septiembre 22 de 2011) - Corte IDH juzgará a Colombia por masacre Santo Domingo (Septiembre 22 de 2011).

Espacio para notas

Las desbordadas corrientes imperiales de mentira y engaño…

Es verdad que mentir y engañar es una vieja y remodelada práctica de los poderosos, especialmente de quienes controlan el poder universal, para justificar: sucios planes, ambiciones, crímenes y abusos de poder. Pero también es verdad que esas criminales prácticas hoy han sobrepasado los más altos niveles de cinismo y de inimaginable desvergüenza, que solo pueden ser obra de desquiciamientos en las mentes y en las ambiciones de seres enloquecidos, de seres que se alimentan con el odio, con la brutalidad y hasta con las posibilidades de un suicidio planetario. Con tales prácticas, las de la mentira y el engaño, el imperio y sus aliados europeos vienen desencadenando crecientes incertidumbres, injerencias, desestabilizaciones, constantes provocaciones y espantosas agresiones militares a nombre de “la democracia” y argumentando “protección” a la vida. Pero tal estado de barbarie y de descomposición humana no solo ha sido y es parte de la realidad histórica y cotidiana en lejanas y martirizadas regiones del mundo. Para la región, para Latinoamérica y el Caribe, el desbordamiento de corrientes ultraderechitas imperiales y locales se viene convirtiendo en un creciente peligro a considerar, en un peligro que puede tocar a nuestras puertas y amenazar los procesos de integración, la diversidad de cambios y las reformas que se vienen produciendo en varios países, para beneficio de las grandes mayorías locales y regionales, según posibilidades y realidades. Guiarse por engañosos cantos de sirena o por los traicioneros camuflajes de lobo, bien puede ser el más corto camino hacia el suicidio.

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Cuando hay movilización y acción de masas, es la verdad la gran ganadora…

No están coincidiendo las mediciones de “opinión” que se vienen haciendo para calificar los niveles de “aceptación” que tiene el gobierno de turno y sus políticas continuistas, frente a las realidades del país. Las grandes empresas encuestadoras y los poderosos medios de comunicación muestran resultados que han sido “cuidadosamente” cocinados en modernas computadoras y aclimatadas oficinas, tratando de llegar hasta la opinión nacional e internacional para hacerles creer que todo marcha sobre ruedas y que no hay motivos de preocupación. Solo basta recordar los “indestronables” niveles de aceptación que no hace mucho tiempo se le otorgaban al expresidente Uribe, solo comparables con el 82% de “aceptación” que hoy se le asigna al presidente Santos. Pero el movimiento social, es decir, los trabajadores, campesinos, estudiantes, profesores, empleados, profesionales, amas de casa, desempleados, subempleados, familiares y víctimas de los brazos ejecutores del terrorismo de Estado, pensionados y pueblo en general, tiene su propio sistema de medición. Este sistema, el del movimiento social, se manifiesta y se palpa en las calles, en las plazas públicas, en los centros de trabajo y de educación, en los muros, en la consigna y en las claras e inequívocas exigencias de profundos cambios y de paz con justicia social. Por estos días, precisamente, la caudalosa y combativa protesta social se ha hecho sentir, desmintiendo así al gobierno, a las encuestadoras y a los grandes medios de comunicación.

Final

Monday, September 19, 2011

QUIENES SON LOS TERRORISTAS POR narciso isaconde


Ahora la “inteligencia” gringa, colombiana y dominicana, están empeñadas en señalizarnos como una franja “radical” dedicada a instrumentar “planes terroristas” conectados al narco-tráfico y al sicariato.

La fórmula hiede a productos “made” in CIA-MOSSAD-DAS…

La inducción se hace a través de una decantación repleta de falsedades y distorsiones.

Somos radicales por lo de ir a la raíz de los problemas.

No somos una izquierda domesticable, proclive a la alianza con el PRD y el PLD, a los “asopao” con generales delincuentes, a convertirnos en adornos del sistema, a “aconsejar” al gobierno por temor a que esta porquería estalle, a conciliar con la “institucionalidad” vigente…

No usamos como concesiones las palabras “cívica” o “pacífica”. La primera nos recuerda a la Unión Cívica Nacional y la blandenguería histórica, y la segunda es un tributo inmerecido a un sistema de dominación violento, destructivo, genocida y ecocida.

No tenemos por que avergonzarnos del amplio legado de insumisión teórica y práctica de nuestro movimiento. Ni darle prueba de “buena conducta” a explotadores, asesinos, farsantes y ladrones; representantes y epígonos de narco-estados y súper-potencias terroristas y saqueadoras.

Somos rebeldes con razones abundantes.

La crisis capitalista apesta, el neo-liberalismo la pudre, y ciertamente a sus poderes habrá que hacerle como a los “caimitos” para se caigan al piso. Claro, con mucho amor por la humanidad y gran sentido histórico en procura de una paz inexistente.

No aceptamos la trampa bipolar que compele a optar entre “lo pacifico” y lo “violento”, porque las fronteras entre esos campos, las superposiciones, y co-responsabilidades son muy complejas y se entrecruzan. Sencillamente optamos por ser revolucionarios/as de verdad enfrentados/as al gran capital y a sus mecanismos control empapados de violencias e infamias.

Más que ridícula luce la intención de estigmatizarnos como agentes del terror, el narco y el sicariato… frente el pliego de denuncias y combates que ha caracterizado la corriente que hemos representado.

Los campeones del terrorismo, la corrupción y expoliación están en la Casa Blanca y en el Complejo Militar Industrial, en Casa Nariño de Colombia, en el Palacio de aquí, en las policías asesinas y narco-gobiernos de estos países… en los palacios de la usura financiera…en el FMI, BM, Barrick, Sun Land…en los socios de Quirino, Solano, Paya, Agosto, ATIEMAR…en los sustentadores de esta dominación capitalista-imperialista, patriarcal, racista y adulto-céntrica.




LIBYA - Because we weren’t there? Rory Stewart


http://www.lrb.co.uk/2011/09/12/rory-stewart/because-we-werent-there


Entering Libya four days after the fall of Tripoli did not seem, at first, very different from trips I had made to Kosovo, Baghdad and Kabul shortly after those interventions. There were as yet no formalities, still less visas, at the Libyan border. The dusty office chairs at the checkpoints in the Nafusa hills, crookedly propped on their remaining castors, were those favoured by militias in Afghanistan. The charred government office in Zawiyyah could have been in Sarajevo. Similar Japanese cars formed longer lines at the petrol stations in Baghdad. Here too, torn posters of the leader lay in the street; here too, angry crowds shouted outside a bank; and here too, a villa, ‘J-Dammed’ flat by Nato bombs, smelled of dead people.

The last two decades of intervention suggest one thing: that interventions are intrinsically unpredictable, chaotic and uncertain. They can work: the international community played a prudent and constructive role in Bosnia, and the Bosnia of 2005 was far better than that of 1995. But in Iraq and Afghanistan, disorder and chaos seemed predestined. Guilt at lost lives, embarrassment, pride, fear of Islamists and hubris all prevented the West from acknowledging failure: instead of pulling back, they dived ever deeper. And their occupation bloated, warped and corrupted the fundamental structures – social, political and economic – of the countries they were purporting to help.

The lesson for Libya was that the West should not be dragged too far in and that it should anticipate chaos. The language of the UN resolution emphasised restraint: there were to be no troops on the ground and the military operations were designed to protect civilians, primarily in Benghazi, not to topple Gaddafi. But Nato was soon flying 400 miles away from Benghazi, targeting Gaddafi’s headquarters in Tripoli. Lawyers assured me that no one was using the bombing raids to try to kill Gaddafi, generals whispered that Gaddafi could only last another two weeks, and diplomats denied that the rebel government was extremist or divided. But five months later, there had been numerous raids on Gaddafi’s compound; Gaddafi was still in power; and the rebel general, formally arrested on the orders of the rebel deputy leader, had been tortured and executed by an Islamist faction.

The more confident the Western generals became, the more likely disaster seemed. In Afghanistan, Nato leaders had continued to claim progress long after it was obvious that the Afghan government was not becoming more credible, effective and legitimate, and that the Taliban was not defeated. The situation was growing worse not better. The truth was missed in part because it was unbearable and in part because Nato’s leaders were entirely detached from the reality of Afghan rural life. It seemed likely that a similar optimism and isolation would distort their perception of Libya and encourage them to ignore the signs of impending chaos.

There were many reasons to fear that the aftermath of the fall of Tripoli would resemble the first days after the fall of Baghdad. For decades, Libya had been controlled by Gaddafi and his secret police. His sons, allies and a few tribal chiefs had grown fat on largesse, oil, sanctions-busting and the remnants of a state-owned economy. When these men fell, others would scramble to seize what they could. Gaddafi’s civil servants would spend their last moments burning documents and trashing desks, and leave with televisions and armchairs. Their successors would steal the ministry cars. Gaddafi’s cronies would flee for the border with cousins and jewels; and militia groups would squat in their marble-floored villas (with squalid bathrooms because there was no water supply). Gangsters would seize petrol stations; and opportunists would strip the computers from schools and perhaps the beds from hospitals. Garbage and sewage would fill the once tidy streets.

Meanwhile, Islamist brigades might challenge the religious values of the new government. The militias might ask for money to protect businesses. Fights might break out between teenagers with mortars looted from the state arsenals and those with foreign-supplied, truck-mounted anti-aircraft guns. Minor fissures, in the past often irrelevant, between Benghazi and Tripoli, Berber and Arab, desert and coast, Salafi and Brotherhood, tribe and tribe, could suddenly become decisive splits. The villas and the farms, the banks and the hotels of Gaddafi’s children would be up for grabs; so too would be the land transferred illegally by Gaddafi to tribes now out of favour. Others might well fight to gain control of state monopolies; the commissions, agents’ fees and franchises from foreign companies; the contracts from international donors; and $120 billion of overseas Libyan assets. The new self-appointed transitional government, with its expatriate professors, mid-level businessmen and aged dissidents, would struggle. Gaddafi himself predicted much of this.

And it was easy in my first few hours in Libya to find evidence for this way of thinking. Within ten miles of the border, I was stopped at six different checkpoints, manned by teenagers with new-model Kalashnikovs and American rifles. In Bir-al-Ghanam, five pick-up trucks roared into the square and men in clean blue jeans and tight T-shirts leaped out, firing round after round into the air. Who was in control of them? Who could control them? Weapons were everywhere: on the outskirts of Tripoli, I saw, lying on the grass, a gleaming, finned, three-foot live rocket, and nearby, still in its packing case, a seven-foot-long surface-to-air missile.

The militias that clearly were under someone’s control were even more troubling. The man with the long grey beard, combat trousers, aviator shades and quiet voice who told me to get out of my car had the manner of an intelligence officer. The very tall young man in flowing robes with a soft curly beard – whose limousine was waved through the checkpoint with such deference – looked like a Saudi. Mahdi al-Harati, the commander of the Tripoli brigade, who wore his military beret for the Eid prayers, had been the only member of his family not to be imprisoned as an Islamist; he had lived in Dublin, run Islamic relief organisations, sailed on the Gaza flotilla and been shot by Israeli special forces. What were his views? And what of Abdul Hakim Belhadj, who was on the military council and was detained by the CIA in 2004 because of his links to al-Qaida?

The interior minister, in his grey suit and grey tie, held a press conference flanked by overweight mustachioed men in police uniform with colonels’ tabs. One of them told me he had worked in the ‘interrogation’ department under the old regime. ‘When I went to Martyrs’ Square and said I was the interior minister,’ the minister boasted, ‘there was far more shooting in the air than normal – it was to greet me. If you don’t believe me, come with me to the square, I will show you.’ I was not confident of his ability to keep order.

Yet so far Libya has proved, not unpredictably awful but unpredictably good. After 15 years working around interventions, I was watching for any hint of disaster. I noted, for example, that a Berber militia had occupied a prime hotel beside the arch of Marcus Aurelius on the grounds that the owner ‘was a Gaddafi sympathiser’. But even after 24 hours, I couldn’t escape the sense that things were not that bad: that Libyans were delighted and confident, and with justification.

The celebration in the central square that night was far happier, more joyful than any I’d seen in Bosnia, Iraq or Afghanistan. Hundreds of young men in jeans and T-shirts were hanging off cranes, 50 feet in the air. Five-year-olds in bright pink dresses were lining up at popcorn stands. A 50-year-old director of the audit department of the national airline had brought his mother and teenage daughters to see the crowds at midnight. ‘No one in the world has ever seen anything like Gaddafi,’ he said to me. ‘You cannot imagine what it was like. We are just so happy he is gone.’ Like everyone else, he joined in the revolutionary songs, and seemed to know the words. As a mullah tried to make a ponderous statement about God and the martyrs of the revolution, the crowd clapped and chanted: ‘Poor old Gaddafi – it’s time to move on.’

When my new friend the interior minister appeared on stage at two in the morning, in front of the crowd of ten thousand, he had lost his grey tie and his police escort and gained a smile. ‘Young people,’ he began, ‘please, one minute, please – do not fire your weapons in the air – it gives a bad image to the foreigners.’ The crowd continued to fire (one man was hit, it seemed fatally, by a falling bullet) and some teenagers continued to chant. But the minister slowly got the measure of his laughing audience: pausing for long stretches and luring the crowd into moments of silence. Eventually, they even cheered him. And everyone sang the national anthem.

Libya did not look as shabby or dangerous as Iraq. Despite six months of fighting and uncertainty, the lawns in Tripoli were mown, the bougainvillea bushes were bright, and the rubbish was still in garbage bags, not strewn, as in Basra, in suppurating ditches. The shops and petrol stations were reopening, the water supply was beginning to return. The armed 15-year-olds were polite. No one at any of the checkpoints asked for a bribe, or our satellite phones. The Misrata militia in their jeeps were as friendly as the Knights of Zintan in their pick-up trucks. There was little talk of revenge. No one was shooting anyone else.

And to my surprise, there was little looting. In the executive offices, it was not just the furniture and the televisions that were untouched: even the silver ashtrays and gold paperknives were still on the desks. It seemed that no one had slipped even a fountain-pen into their pocket when the government left and the rebels came in. At night, the streets of Tripoli were so jammed with honking cars, waving flags, boys wearing the national colours, that one might imagine Libya had just won the World Cup. The government and the police were not in any position to prevent disorder, but it seemed that the Libyans were not drawn to looting or violence. And no one I spoke to, from expatriate engineers to young gunmen, expected that.

Already people are claiming that the euphoria and calm after the fall of Tripoli could have been predicted and can be easily explained. But such civility was not inevitable; it could not have been assumed from Libyan history or culture. Libya shares many features of countries where anarchy has prevailed. Like Afghanistan or Iraq, it has a distinguished history and has experienced periods of stability but lacks the essential trinity of the international state-building apostles: ‘a vibrant civil society’, ‘rule of law’ and ‘good governance’. It has a rapidly growing young population, which is only partially educated, and few jobs. The traditional forces of tribe and Islam co-exist with more cosmopolitan aspirations, as they do in the rest of the Islamic world.

Many of the positive things that can be said about Libya can be said about other more troubled countries – right down to the small details. Libyans, like Iraqis and Afghans, remember a moderate, tolerant, Western-friendly country in the late 1960s and 1970s, which fell unexpectedly victim to leaders – and an ideology – alien to its indigenous culture. In the same way, the Lebanese writer Nassim Nicholas Taleb maintained that there was nothing preordained in Lebanon’s civil war, that Lebanon had been ‘at peace for centuries’. And in the Balkans in the 1990s, people insisted: ‘I did not even know people’s ethnic group – I have a Serb father, a Croat mother … We were Yugoslavs.’

All these countries can offer equally plausible explanations of why things go right and why things go wrong. One Libyan woman said, ‘it is orderly because there is not the corrupt, gangster class in Libya that there was in Iraq’; but Suleiman, a 20-year-old businessman from Benghazi, replied that under Gaddafi every businessman paid bribes of more than half the value of the contract. An older Libyan minister said there was no looting because the population was ‘educated’, but Suleiman complained of how bad his schooling had been, and how ignorant and isolated Libyans had become. Huda, a young woman working with the TNC, suggested that the paperknives had not been stolen because Libyans were wealthy; others emphasised rural squalor and 30 per cent unemployment. One of the most senior members of the new government said that the mid-level civil service worked well, regardless of the ministers. All other Libyans assured me that Gaddafi had ‘hollowed out the state’ and left nothing functioning behind.

There was some talk of a country impoverished and pulverised by Italian colonialism; and some of an ancient Mediterranean civilisation. For some, Libya was ‘a modern country’ where tribal influences have largely vanished. For others, it was ‘not really a country’ but a colonial creation cobbled together after the war from three states with quite different histories and identities: a place where Gaddafi had emphasised tribal and regional differences, and prevented the emergence of a settled modern identity – a nation ‘in trauma’.

Unlike Libyans, international diplomats and politicians tended not to emphasise Libyan history or Libyan character but the actions of individual leaders. They suggested that there had been no anarchy after the fall of Tripoli because Gaddafi was a hated tyrant; because the Nato military campaign and their post-conflict planning had been particularly strong; and because the Transitional National Council was well prepared. But insofar as the leaders mattered at all, it may be less for what they did than for what they didn’t do.

Gaddafi’s state was not Saddam’s. He didn’t inherit, or rely on, a powerful pre-existing Baath Party apparatus. Or drag his people through an eight-year total war. He tortured and killed, but his trademark – unlike Saddam’s – was not totalitarian brutality. Perhaps because of this there was less rage, less bitterness, less desire to smash the symbols of the old regime than I saw in Iraq. The Nato campaign was deliberately minimal: in terms of both military and civilian support. The most dramatic difference between Tripoli and the other capitals of intervention was the absence of foreigners. Entering Kosovo, I was immediately stuck in a traffic jam of white land-cruisers painted with international acronyms – the one in front of me read ‘Clowns without Frontiers’. US military convoys roared down the highways of Iraq; heavy machine-guns pointed into market squares; razor-wire and cement barriers cut off urban streets. The executive offices in Kabul were filled with young laptop-wielding, jeans-wearing European and American advisers. I saw none of this in Tripoli.

And Libya’s rebel ‘government’ was relatively weak. In Afghanistan, those who pushed out the Taliban were long established warlords. Ismail Khan in Herat had led the first uprising against the Soviets in 1979; the governor of Helmand had been connected to the opium trade for decades and had many armed men. The SCIRI opposition in Iraq was established in the early 1980s; Dawa in the late 1950s. Chalabi was a well-known figure in Washington. Each had known foreign backers and links to foreign intelligence services. They all had their resources, their mutual resentments, their deep ideological differences and their long-established plans for domination. They had aides, and a plethora of satellite phones.

The executive offices of the Transitional National Council by contrast felt as placid as an old people’s home, or a cruise liner. One senior cabinet minister didn’t yet have a single secretary, and seemed to have only very vague ideas of what his department needed. One floor up, I found a deputy minister watching television three days after the fall of the city; there wasn’t a paper on his desk. During the 45 minutes I spent with him, only one person looked in; and when he picked up the phone, no one answered. Only Ali Tarhouni, the deputy prime minister, had aides and energy and he was an American academic who apparently hadn’t been back to Libya since 1978.

Such multiple sources of weakness may prove to be a strength. Since Gaddafi’s state was not powerful, its fall may have comparatively little effect. Security in the streets was provided almost from the start by neighbourhood committees, many organised from mosques; their effectiveness and legitimacy was taken almost for granted and they did not seem (yet) to be abusing their power. The lack of foreigners allowed Libyans to feel that the revolution was theirs, not an international production. It also meant that our curious priorities and processes were not imposed on Libyan politics. The Islamists and the Gaddafi loyalists couldn’t portray the new government as a puppet, or market themselves as fighting for Libya and Islam against a foreign military occupation.

Even the improvisatory, passive nature of the opposition may have been constructive. It included many members of Gaddafi’s government who were working from the very beginning to make links with their former colleagues. When the politician Abdul Hafiz Ghoga arrived in Benghazi and criticised the council, they invited him in. They seemed to be able to incorporate Islamists with equal ease. Every time they described their strategy, they talked about compromise and negotiation. Sometimes people spoke like this in Afghanistan and Iraq too – explaining how easy it would be to cut deals with the Taliban or the Sunni insurgency – but the US-led coalition rarely let them try.

And then there was their attitude to the West. I expected the minister of health – a British-Libyan doctor who knew I was an MP – to present a shopping list of demands. But when I asked him about foreign support, he said that Libya had been ‘well-supported by Qatar and the UAE, by Turkey and Tunisia’. And there he stopped. When I asked about the UN agencies and NGOs, he said he had seen a bit of them in ‘stake-holder meetings’ held on Tuesdays in Benghazi, but the meetings had petered out. He implied that the processes for getting support from Western aid agencies were far too bureaucratic, that he would stick with Middle Eastern cash, confident that Libya would get what it needed. The mixture of self-importance and desperation that created the destructive, co-dependent marriage between foreigners and locals in Afghanistan seems to be entirely absent in Libya.

But it would have been easy to take the same factors – a weak Gaddafi state, a light foreign footprint and a weak rebel government – and assume these were ingredients for disaster. This is why the major lesson of the post-1989 interventions should not be a renewed confidence in ‘the responsibility to protect’, or a belief that we have found a new secret recipe in targeted air-power. We shouldn’t think we know how to construct ‘a transitional administration’; even to attempt to pin down the common elements in the successful cases – population size, GDP per capita, ethnic composition – would be misguided.

These events are inherently unpredictable. There are no universal traits that condemn a society to anarchy when the leviathan falls. The violence I witnessed in Iraq, and felt was the inevitable result of a revolution, was in fact specific to that moment in that place and in particular to its Shia parties, their fraught and contradictory relationship to their neighbours and to their nation. But even apparently clear differences between countries aren’t as helpful as they seem. For example, Libya, unlike Iraq or Afghanistan, has no serious ethnic or sectarian divisions – no Arab-Kurd, no Pashtun-Tajik, no Sunni-Shia divides – but this on its own can’t explain the difference: Libya’s neighbour Algeria has no Shia population and has nevertheless experienced decades of civil war.

The lesson of all this shouldn’t be inaction. Intervention isn’t doomed to fail – countries can turn out unpredictably well, as well as unpredictably badly. If we cannot come to any satisfactory conclusions on the London riots – a limited event, exhaustively documented, in our own capital – what sense can we make of why they did not riot in Tripoli?